Yo no saludo al mundo.-

•octubre 23, 2008 • 1 comentario

No soy más que una humana. Eso es mediocre y no quiero que te sientas identificado. El lado triste de la vida es horrendo y él hombre aún más. Una criatura que rebosa de líquidos. Tan atestado de si mismo que desea, purificarse, sacar fuera esa ambrosia del infierno. Sus ojos desbordan lágrimas, lagrimas de sal, lagrimas que no endulzan tus labios cuando desde tus mejillas resbalan a la comisura de tu boca. Sus oídos expulsan cera que no haría brillar ni a la piedra más limpia. Su piel expide fragancias putrefactas, todo su ser, no es más que un cuerpo en proceso de defunción. Nacemos con fecha de vencimiento. Expiramos. Y luego ¿qué? Alimento de microorganismos rastreros. Que obtienen su dulce venganza. ¿Por qué? ¿No recuerdas cuando reventaste con el zapato, sin piedad alguna, ese insignificante insecto? En su último clamar de piedad rogó por su alma. Rogó porque fuese vengado ese cuerpo invertebrado. Esa mente idiota que no recuerda nada pasada una milésima de segundo. No me importa que vallas a servirte de mí, porque moriré con la satisfacción de haber vuelto nada a tu ancestro. Y créeme, inverosímil insecto. Que convertirse en un nada es superar sus expectativas.

¿Qué hago? Digo idioteces. Como siempre. Por que soy paranoica y temo oler el aroma de una rosa, no deseo quitarle su perfume. Pero no temo decirte lo que pienso. Porque no pongo en duda mi palabra. Porque es mi punto de vista y no el tuyo. Porque podría gritarte lo que eres en el rostro, ponerte un espejo en frente y aún así no te verías ni mucho menos oirías mi voz. Porque naciste ciego y sordo. Y en tu mente confabulas con tu subconsciente. Vez lo que quieres ver, oyes lo que quiere oír. Todos somos unas bolsas de mierda. Esperemos a ver quien se pudre primero.

Bienvenidos a la mente de una supuesta paranoica.